Miss Isaac

¿Recuerdas a esa maestra o maestro que hizo la diferencia en tu vida? Seguro hay varios, pero entre esos siempre sobresale uno que llevas, cual hiedra en la pared, aferrado a tu memoria y a tu corazón.
Hace más o menos 10 años recibí una postal de felicitación por mis logros en el Periodismo, firmada por Miss Isaac, mi maestra de Español en la escuela superior Albert Einstein de Barrio Obrero. No sabía que la admiración era mutua y tuve a bien llamarla por teléfono para agradecerle y conversar unos minutos.
Eso fue en las buenas. Ahora, en las malas, me informa una amiga en común que Miss Isaac estaba muy preocupada por mí y claro está, muy dolida por los despidos hechos por Univisión. En esta ocasión decidí visitarla en su humilde casita ubicada frente a los condominios Bahía.
No faltó, para variar, un regañito, esta vez por esperar bajo una sombrita a que ella abriera su portón de metal. “Ya tu estás prieto así que no busques sombra”, bromeó.
Nos abrazamos con la fuerza que da la sinceridad y la admiración, pero creo que yo apreté un poco más movido por el agradecimiento. Ella se sentó en su mecedora y yo en el sofá . Nos separaba una viejo tocadisco, de esos que hasta podías ponerle un ocho track y discos de 33 y 48 rpm.
Su rostro tenía más años sí, pero mis ojos lo que veían era a aquella maestra de cuarto año tan disciplinada, de gran carácter y con un arte encantador para enseñar. ¿Su memoria? Ufff… Imaginen que cuando le pregunté si se recordaba de aquella clase, me dijo: “tú te sentabas en la fila del medio, en el quinto asiento”. Pensé que bromeaba y cuando dije “nah”, me lanzó aquella mirada de seriedad que tantas veces sembró el silencio en nuestro salón.
Entonces se me ocurrió recitarle el famoso monólogo de Segismundo, de la obra “La vida es sueño”, de Pedro Calderón de la Barca.

¡Ay mísero de mí, ¡ay infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
Ya que me tratais así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo.
Aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido;
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
Pues el delito mayor
del hombre es haber nacido…”.

Y mientras continuaba mi recital, ambos sonreímos cuales cómplices de aquel proyecto de obras literarias que para mí fue un deleite, aunque para muchos compañeros de clase fue algo así como un calvario. Aquella tarea de recitar y analizar el monólogo de Segismundo define perfectamente por qué tengo a Miss Isaac en tan alto sitial.
Ella sembró en mí la semilla del amor, la pasión y la defensa de mi idioma español. Mi agradecimiento es inagotable y las veces que doy charlas, siempre destaco el ejemplo de esta verdadera educadora.

Siempre maestra, tan acertiva como nunca, tan educadora como siempre. Esa es Miss Isaac. La misma que al despedirme me deseó lo mejor, y yo al escucharla le dije “lo mejor es esto, haberte visitado”.
Vamos, !anímate! Tu maestra te espera.

3 comentarios en “Miss Isaac

  1. Mi maestra favorita siempre ha sido Miss Santini, Esc. ramos Antonini. Ella era la maestra de salud y a la misma vez daba manualidades. Con ella aprendí muchas manualidades y me enseñó a que las cosas hay que hacerlas con amor. Y definitivamente, ella daba mucho amor y quería mucho a sus estudiantes. Ella siempre estaba pendiente a la hora de recreo o de almuerzo de sus estudiantes y de las del club de manualidades.
    Hay de aquella que se pusiera el poncho o la estola que nos enseñó a tejer, sin mostrarselo. A mí me sucedió, me puse el poncho y ella me vió en el patio frente al comedor y me dijo: “Qué bonito! Usted es la única que no pasó por mi salón a enseñarme su poncho. Qué espera?” En verdad, tenía razón, me olvidé por completo pasar por su salón.
    El Señor la bendiga donde quiera que esté en estos momentos. De ella aprendí muchas manualidades las que hasta el momento hago y a la vez la recuerdo. Gracias, Miss Santini, por enseñarnos la clase de Salud de la cual aprendí mucho y de sus manualidades, porque gracias a usted hoy en día doy clases de manualidades a las niñas y jovencitas de mi comunidad, gratis y con objetos reciclados.
    Gracias por haber sido mi maestra y tutora a la vez. Gracias, Miss Santini.

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    1. Felipe, gracias por compartir tan hermosa experiencia. Muchos de nosotros hemos tenido el privilegio de haber tenido un buen maestro o maestros que los recordaremos de por vida con admiracion y respeto. Me hiciste recordar a mi profesora de Español, la señora María Luisa Ramos a quien le debo mucho. Me inspiró a leer buenos libros, a viajar en alas de la imaginación cuando hablaba de la riqueza literaria de otros países y la nuestra. Ya ves, cómo me ha emocionado tu artículo. ¡Éxito en todo lo que emprendas!

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      1. Me disculpo por la tardanza en la respuesta. Han sido meses de reinventarse y poco a poco vamos enfilando proa. Recientemente escribí un artículo para una revista de maestros y tu historia y la mía son apenas dos en una inmensidad de historias de personas que valorizan las enseñanzas de sus maestros y profesores. Bendiciones.

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