5,480 días

 

Septiembre 11: 15 años. El dolor y la tristeza siguen ahí. Mi memoria me lleva a aquella mañana cuando decidí quedarme en el canal en lugar de ir a desayunar con mis compañeros de Tu Mañana.

Al estrellarse el primer avión, pensamos que se trataba de una avioneta y no consideramos interrumpir la programación. Sin embargo, tan pronto supimos que fue un avión comercial, procedimos a dar el primer boletín. Me tocó a mí ofrecerlo, con la calma, seriedad y profesionalismo que requería el momento. Uno tiene que controlar las emociones, y también la tentación a saturar con dramatismo lo que se está informando.

En el contexto puro del Periodismo, el ambiente que caracterizaba la redacción de TeleOnce era de una emergencia mayor, un accidente inusual; así era que estábamos trabajando la noticia.

Hasta que vimos el segundo avión.

Francamente no recuerdo si ya para ese momento habíamos pasado de un boletín a una transmisión especial. Lo que sí recuerdo es que era difícil evitar que mi voz temblara. Así que decidí pronunciar las palabras con cierta lentitud, para darme tiempo a bajar los latidos de mi corazón y por ende a reducir la ansiedad. Ya se trataba de una tragedia de gran magnitud; en el lugar de Estados Unidos donde más puertorriqueños vivían, así que lo menos que nuestros televidentes necesitaban era una voz histérica, descontrolada, incapaz de poner la tragedia en perspectiva.

Al ver estrellarse el segundo avión, recuerdo haberme aventurado a señalar que era muy posible que Estados Unidos estuviese bajo un ataque terrorista. No había confirmación oficial al respecto, así que mi afirmación fue periodísticamente arriesgada, aunque eventualmente acertada. Es que no todas las décadas se estrellan dos aviones comerciales contra unos edificios.

Comencé a sentir temor. Pensé, ¿Y si luego de estos aviones lo próximo es un misil? Entonces llegó la información de que, precisamente, un misil o un avión, impactó o se estrelló contra el Pentágono. Yo pensando en misiles, y esa infomación del Pentágono que llega; todo esto en una secuencia de pocos minutos.

De todos los sucesos ocurridos esa mañana, lo que me produjo el mayor temor, muy profundo por cierto, fue cuando la Guardia Nacional y las autoridades militares en Puerto Rico emitieron un alerta. No es lo mismo saber una realidad a tener que enfrentar las consecuencias de esa realidad, y en lo que a Puerto Rico respecta, la consecuencia de nuestra realidad era que también podríamos ser un objetivo para los terroristas, o para cualquier nación que estuviese en guerra con Estados Unidos.

Ante la incertidumbre de si aquí se perpetraría un atentado, pensé en mi hija, en mi familia, amigos… eran pensamientos y temores que revoloteaban en mi mente las veces que nuestra transmisión se conectaba con CNN, y por ende yo no tenía que estar informando.

Esa mañana fue como una montaña rusa de emociones, miedos, ansiedad y de reto periodístico. También de incredulidad porque yo no podía creer que algunas personas se estaban lanzando desde la primera torre. Tampoco que esa primera torre se derrumbó. Ver ambos sucesos produjo una inmensa sensación de impotencia.

11. September 2001 - 10 Jahre danach: Die Kamera als Filter des Grauens
Fotógrafo: Richard Drew

Quince años después, mi memoria regresa a aquella decisión de quedarme en el canal. Automáticamente me pongo a repasar decenas de imágenes y siempre me detengo en la foto del hombre cayendo. La bautizaron “The Falling man”. La imagen tomada por Richard Drew se convirtió en una foto icónica porque te fuerza a reflexionar si harías lo mismo. Quince años después, aún se desconoce la identidad de esta persona, y aún sigue produciendo tristeza recordar esta tragedia, aunque haya de por medio 5,480 días.

Un comentario en “5,480 días

  1. ¿Cómo olvidarlo? Ese día era mi Aniversario de Bodas y tenía la tv prendida, mi hijo, esposo y yo vimos la transmisión y ver el segundo avión estrellarse contra la segunda Torre. Fue horrible. Imágenes que nunca se borrarán de mi mente, no importa el tiempo que pase. Dios, cuánto dolor para tantas familias. Verdaderamente no tiene nombre, ni palabras para describirlo.

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